Militancia: Una manera de Vivir

Lo que sigue es un pensamiento puesto en papel que envió un compañero, es quizás una reflexión o una catarsis personal. Desconozco que disparó en Marcelo este escrito pero aquí se los dejo y también la sugerencia de él: “Para discutir, charlar y compartir con mis amigos y compañeros”, se los hago extensivo.  Jimena Riveros

No es mi idea dar una clase de militancia o adoctrinamiento, sería demasiado petulante de mi parte ante ejemplos muchos más valederos que el de esta humilde persona. Tan sólo que  entre quienes tengan ganas de leerlo, podamos juntos, encontrar el significado de esta vocación que se llama militancia.
Qué tiene palabras marcadas a fuego, tan elocuentes y significantes como democracia, e ideales y tan trágicas como obsecuencia y traición. Alguien dijo alguna vez que en el fútbol jugamos como vivimos, yo creo también que militamos y nos mostramos como somos.
No creo en la mala persona y en el buen militante o viceversa. Creo en los códigos de vida, no en los códigos mafiosos, creo que la política tiene que servir para  que la mayoría de la gente viva mejor y no sólo uno mismo; creo que los ideales no tienen precio, creo que la obsecuencia y la humillación ante el dirigente, termina indefectiblemente en traición hacia la persona y hacia el proyecto que se sigue.

No creo en iluminados, creo en gente con lo que hay que tener, con los objetivos claros, con un sentido y una visión amplia de la vida, creo en los proyectos colectivos y no en los individuales que sin dudas llevan al fracaso.
Creo en la militancia política como estilo de vida, que unifica criterios y lazos que permanecen inalterables a pesar de los años, creo en esa persona que camina junto a mí a pesar de que me discute que me interroga que me cuestiona; ese lo quiero siempre conmigo; eso son los imprescindibles, los leales.

Creo que la conducción y el liderazgo se pueden mejorar, adaptar, estudiar y hasta en algunas ocasiones imponer; pero líder se nace no se hace.
Creo en predicar con el ejemplo, y en no dar una orden que primero yo no pueda cumplir. Creo en la sensibilidad que me provoca un pibe con hambre, un viejo desamparado, o una familia sin sueños; y lo creo porque por suerte o por desgracia, todas esas instancias las viví en carne propia, y el día que eso no me pase más estaré muerto en vida. Creo en la amistad y el amor por sobre todas las cosas; soy amigos de amigos y me gusta q ellos lo sean de mi; no creo ni pienso en lo eterno, sino en lo que día tras día nos animamos a construir; aún en la adversidad más hostil.

Amo y respetaré hasta el último día de mi vida; los Pañuelos Blancos de Madres y Abuelas; porque a pesar del dolor más intenso que un ser humano pueda tener; son el ejemplo más claro que siempre se puede un poco mas; sin odio, sin venganza; con amor, sin olvido, con justicia; y además porque es muy fácil hablar ahora; pero ellas solas les pusieron el pecho a las balas asesinas de los genocidas y sus cómplices civiles.
Creo en la preparación, en el estudio, en la eficacia, pero no en los iluminados; ni en los amigos de o parientes de; será que tanto a mí como a muchos que conozco, todo nos costó mucho sacrificio.
Creo en la humildad como fuente de inspiración, para saber escuchar y saber que hacer, no creo en los infalibles; indefectiblemente ellos se equivocan.
No creo en el triunfo a cualquier precio, porque ahí se pierde lo más sagrado que tenemos; los valores.

No reverencio a nadie, si admiro y respeto; todos somos humanos, todos somos capaces de equivocarnos, de cometer las peores barbaridades en nombre de la autoridad. Llevo en alto lo único que mis viejos me dejaron, que es un poco el resumen de esto.
Creo que la felicidad muchas veces está al alcance de la mano y no somos capaces de tomarla, el miedo de fracasar a veces nos paraliza.
No me creo un cobarde, siempre pelé por lo que creí, aunque estuviera equivocado, siempre convencido por mi formación, mis anhelos e ideales.

No creo en los militantes blancos y los negros, el funcionario que no tiene anclaje, que no conoce el barrio, que no convence sino sólo por lo que da; es sólo un administrador; que termina usando a los otros para llegar a su ambición personal.
Creo en definitiva que la política tiene que servir para que la gente viva mejor, sino se convierte en algo abstracto y deleznable. Creo que estamos viviendo el mejor momento histórico de nuestro país en los últimos 50 años; y a veces, creo que hay mucha soberbia en algunos que no los conoce ni sus familiares; y me da mucho miedo perder, por ellos, la oportunidad de tener un país y un fututo mejor para todos los pibes. Pero también creo en la capacidad de gestión de estadista de ideales y valentía y de coraje, que me ha demostrado Cristina y que tuvo Néstor,  confío en ella y en su capacidad. Creo que la política no es un fin en si mismo, y ser militante político, es ser simplemente una persona que lleva sus ideales, sus convicciones adelante y no por delante de nada ni de nadie.
Creo y aspiro que lo más importante que puedo dejarle a mi hija es  que sea simplemente una buena persona, mirarla siempre a los ojos y que sienta que su papá es un ser imperfecto pero leal y honesto; que se ría bien fuerte, que peleé por lo que cree, que se indigne y rebele ante las injusticias; si puedo lograr eso, mi objetivo en este mundo estará cumplido.

Es una manera de vivir, no de actuar para vivir.

Marcelo Rinaldi

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Acto de Cristina en Huracan (mis impresiones)

NUNCA MENOS

Tengo que escribir sobre esto. Sepan disculpar quienes esperan que me reserve este tipo de vómitos verborragicos pero debo escribir. Ayer a la tarde un sinfín de ideas atravesaron mi cabeza sumado a miles de fotos que vi pasar delante de mis ojos. Debo escribir.
Era un acto peronista: un aniversario  que conmemora el triunfo de Héctor Cámpora( 1973), tras 10 años sin elecciones, como presidente ¿ Qué hacia yo ahí? ¿Qué me vincula a mi con el peronismo? Creía que nada y sin embargo al saber que la presidente hablaba allí, fui sin ningún cuestionamiento. Y Acá empiezan a surgir las imágenes. Ví mucho, muchisimo aparato, como en cualquier acto de cualquier partido político: gente de todos que da la sensación que ni saben a donde van y mucho menos el por qué, pero eso no me hizo ruido, lo entiendo como parte de un folclore popular que excede lo razonal, así que me detuve en lo otro, en aquellos que me llamó poderosamente la atención (quizás como consecuencia de mi escepticismo crónico). Vi mucha gente que iba a Huracán a escuchar el discurso de SU presidenta. Grupitos chicos o parejas sueltas que preguntaba dónde quedaba el estadio ¿esa gente que hacia ahí? . Para mis adentros debo confesar que todos, o muchos de nosotros fuimos a buscar algún tipo de garantía pre elecciones: Cristina 2011. Si, si quiero que este proyecto de país continúe, quiero que esta mujer sea re electa ¡Uy que miedo para tantos! Muéranse de miedo porque no tengo dudas que este modelo se seguirá profundizando pero me fui a otro lado. Estaba contando qué vi ayer.

Me pasó que no pude entrar a la cancha, había mucha gente y llegue un poco tarde. Decidí, junto a los tres con los que estaba ir a buscar algún bar que tenga tele para por lo menos escuchar y ver el discurso y ahí pasó algo otra vez sorprendente. No fue un bar sino una estación de servicio. La televisión sintonizada en cualquier canal, alguno  que genere poco qué pensar y de golpe un zaping y un: -“Para ahí, no cambies mas”. Eramos cuatro y 10 minutos después las mesas estaban todas ocupadas (tampoco tantas ¿no? pero suficientes para generar un clima raro). De pronto nadie habla, todos escuchan, Cristina Fernández se despide y todos nos miramos como para levantarnos e irnos y alguien aplaudió, no vi quien fue pero fue alguien que estaba ahí ¿y? Todos empezamos a aplaudir enérgicamente al grito de ¡vamooossss! Se me puso la piel de gallina. Nunca viví algo así.
Volví a mi casa con la sensación de que este país es mejor desde que tenemos a Cristina. Es la primera vez que me identifico y que creo en el discurso y en las acciones del oficialismo. Otra cosa que no puedo omitir: La Cámpora. Yo no se cuando pasó ni cómo lo hicieron pero me canse de ver secundarios con la bandera de La Cámpora. Lograron estar ahí y son cientos, miles ¡es increíble! Y es kirchernista. Esto no pasaba hasta hace un par de años. Yo recuerdo mi época como estudiante secundaria en una escuela pública y los militantes de los distintos Centros de Estudiantes estábamos vinculados a los partidos de izquierda, al menos la gran mayoría y de golpe el peronismo volvió a la escuela. Increíble e impensable. En estos chicos vi militancia y compromiso, no barriletes que iban a un lugar porque sí.  Insisto: bien por la Cámpora, me sorprendieron.
Me fui otra vez. Decía que fui a buscar una confirmación que no llegó. Cristina no habló de re elección y coincidiendo con van der Kooy (¡qué loco! ¿no?) evitó hablar de peronismo…. qué bueno que coincidamos colega. “Evitó hablar de peronismo, habló de  preguntar si queremos la asignacion universal por hijo, si queremos un país más justo” Si, van der Kooy, la presidenta dijo eso ¡qué bueno que dijo eso! Porque es eso lo que está pasando en Argentina. No soy peronista, no vengo del peronismo pero no puedo no reconocer lo que Nestor y Cristina le aportaron a este país.  Hay cambios casi revolucionarios, que no son chavistas ni castristas sino argentinos pero qué miedo que este país pueda crecer sin la ayuda del país del norte, qué miedo que da que las clases mas bajas logren alcancar un mejor nivel socio cultural, qué miedo ¿no?
Bueno me sigo yendo a otros lado así que dejo de escribir, por hoy, pero  quiero dejar en estas líneas que es la primera a vez que me siento feliz de ser argentina y de estar viviendo este momento histórico desde acá adentro. Quiero que este modelo se siga fortaleciendo y quiero escuchar a nuestra presidenta en la 9 de julio y para todo el mundo, porque un estadio nos queda chico a todos y a todas.
Hasta la próxima compañer@s!

(Fotos archivo internet y Nicolás Borojovich)
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