Sus ritmos al cantar me obligan al ritual

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(Una catarsis post recital)

Todos sabíamos que la cita era en abril. Esperamos el disco nuevo “Pajaritos, bravos muchachitos” y con cierta impaciencia íbamos viendo cuanto faltaba para la venta de entradas que esta vez se vendían con poca antelación. Un destino nuevo que a la mayoría le hacía ruido por razones diversas. Las mas oídas fueron: “Es muy cerca de la capital para que toque el Indio”; “Es una cuidad muy chica. No entramos”. De cualquier modo todos pusimos piloto automático y salimos en busca de la nueva misa.

Desde dos días antes el “boca en boca” decía que se habían vendido 160.000 entradas. Más allá de la veracidad de la cifra no quedaban dudas que sería el recital de rock argentino más grande de la historia (en cuanto a entrada vendida). Como desde 1996 me dispuse a organizar mi vida para no perderme de esta nueva fiesta, vida que por supuesto no es la misma y donde la logística es lo que envuelve mi ritmo a diario.

Me preparaba entonces para viajar pero esta vez con algo que cambiaría bastante mi mirada porque viajé coordinando un micro del Mundo del Rock (empresa que se dedica a organizar viajes a recitales y con los que viajé en varias oportunidades).

Todo estaba dispuesto para salir a las 7 AM desde Constitución. Salimos un poco más tarde finalmente. Los cálculos decían que llegaríamos cerca de las 13 hs y unas horas antes ya veíamos con dificultad el horario. La ruta estaba colapsada. Ya en Zarate empezaba a pensar si la Municipalidad habría hecho las cosas bien; me preocupaba que los accesos no fueran tales pero con todos los antecedentes que hay de l recitales multitudinarios del Indio Solari no podía pasar, así que me relajaba e intentaba transmitirle lo mismo a las 47 almas que tuvieron que viajar con quien les escribe.

A medida que nos acercábamos me sentía mas lejos. Efectivamente mis temores volvían a tomar forma y esta vez con fundamentos: habían cerrado todos los accesos y combis, autos y micros ingresábamos TODOS por el mismo lugar.

Así nos recibía Gualeguaychú. Vialidad lejos de aportar generaba problemas que en algunos casos pasaron a mayores, terminando en seudo detenciones de gente que simplemente quería llegar al recital por el que venía juntando dinero desde hace meses.

Pese a estas situaciones y a las 9 horas promedio para hacer 240 km, una vez que estás ahí todo el malestar se esfuma y comienza la fiesta.

De cualquier modo creo pertinente pensar las implicancias de los problemas expresados más allá de los “ricoteros”. Se sabe que cada vez que el Indio toca se genera una microeconomía local que beneficia a casi todos los pobladores de los destinos elegidos, incluso en la mayoría de los casos se ven también favorecidos los pueblos o ciudades cercanos dada la magnitud de gente que busca lugares donde hospedarse. Todos aprovechan y sacan a la calle una parrillita y ofrecen algo para comer, otros alquilan los baños de sus casas, otros te ofrecen estacionamiento en sus galerías. También están los cientos que ofrecen remeras y souvenirs de todo tipo y color. Es un negocio redondo donde todos nos quedamos contentos. Es una entrada de dinero a la ciudad que excede lo conocido por el tiempo –escaso- en que se da y los gualeguaychuenses hicieron todo lo mejor que pudieron. Bien. Ahora pensemos: las demoras ocasionadas por la falta de accesos hizo que miles,  si, si MILES, lleguen sobre la hora al show.

Consecuentemente esas personas consumieron mucho menos de lo previsto y tampoco pudieron recorrer nada. En el caso particular del Mundo del Rock, que es lo viví de cerca, esto fue muy palpable porque estaba previsto que los 51 micros que llevaban (unas 2500 personas) se queden a hacer previa en el Club Juventud Unidad ubicado a 10 cuadras del Hipódromo. Allí, los cuerpos hambrientos y veloces podrían comer, beber algo, descansar y escuchar un par de bandas tributo. La Comisión Directiva del Club había organizado todo para brindar un buen servicio. En organizar entiéndase comprar carne y bebida para que a nadie le falte, acondicionar el lugar, contratar gente para que los ayude y así. El resultado fue que sólo dos micros llegaron entre las 13 y las 17 hs. El resto, todos después. Hagan ustedes sus cuentas.

Tripa y corazón, todos al show. Las 10 cuadras fueron casi 40 por los desvíos establecidos por vialidad. Resulta que el lugar elegido para el mítico show queda adentro de la ciudad misma. Extraño esto también. No debe ser tan grave pienso. Voy caminando y parece que no llego más. De pronto me doy cuenta que subo y bajo escalones, cordones de vereda, no se qué es pero evidentemente hay algo que no está bien. A medida que creo ir llegando me sorprendo esquivando micros parados. Si, si. Ahí mismo y hasta a 100 metros del Hipódromo hay micros que entorpecen el acceso del público que debe ir zigzagueándolos ¿Quién permitió que estacionen ahí? Me viene a la mente Mendoza y lo bien organizado que fue el estacionamiento de micros. No estamos en Mendoza, está claro.  Los controles fueron relativos y adentro “Todos a los Botes”. Había llovido y eso era un caos. Muchos se enojaran por esto, otros no lo compartirán pero así lo viví yo, con cierto desconcierto y gran desilusión. No estaba bueno lo que se veía, no podía comprar ni una hamburguesa porque tenía que pasar por una laguna, literal. El barro se metía por todos lados y el frío se sentía con intensidad.

Sale el Indio y un halo de felicidad me da en la cabeza hasta que empieza a sonar y ahí sí, me quiero ir. Se escuchaba mal. Según oí de otros muchos tuvo que ver con el lugar donde estábamos, dicen que cerca de las torres de sonido se escuchaba muy bien. Nunca lo sabre.

Me pregunté que hacía ahí, porqué tanto esfuerzo, tanto ahorro, tanto movimiento para eso. No lo sé. Los que venimos siguiendo a Los Redondos primero y al Indio después sabemos que no hay muchas respuestas, esto nos pasa irracionalmente y nos hace por momentos personas mas felices e incluso más libres. Esta vez y por vez primera nada de eso me pasó. Decidí irme. Un poco confundida pensaba si la organización del Indio no podría haber puesto de esos pisos que se ponen en otros recitales teniendo en cuenta que el día anterior al show ya era un pantanal todo. También si ya saben que meten casi 200 lucas de gente ¿no sería conveniente poner pantallas más grandes y más altas?  No se, sigo algo afectada por todo lo que no pude vivir por culpa de otros.

La lista de temas fue prolija. “Nena Nena” me hizo acordar a aquellos redondos pero desde el lugar nostálgico no porque se pareciera a lo que en mi retina había sido “Nene Nena”.  “Ya nadie va a escuchar tu remera” me confundió todavía más: pocos cantaban, mal se escuchaba, nada de veía.

Las intervenciones que hizo Solari fueron, como siempre, acertadas, lindas, cálidas. Con sentido y contenido. Con compromiso político pero no alcanza. No a mí.

El Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado deben armar una estructura acorde a lo que venden.  Aunque nadie se queje. Las bandas vamos donde nos llevan pero no está bueno que paguemos precio tan alto, y no hablo del dinero.

Veremos que sucede. Yo sigo creyendo que las cosas se pueden hacer bien o al menos mejor. Ojalá el Indio opine igual. No puede hacer un show adentro de una ciudad, a esta altura debería ser una premisa.

Me quedo entonces a la espera de la próxima misa.

 

Jimena Riveros

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