CON AROMA A REVOLUCIÓN

Organización Villera “La Poderosa

En las villas argentinas (asentamientos con alto grado de vulnerabilidad social en el que viven familias) hay algo que se viene gestando, una transformación que se viene dando y que muchos prefieren negar. Desde hace algunos años hay una organización que crece y crece; que forma a su gente y deforma el imaginario colectivo que estigmatiza al villero y va por más… por mucho más. Actualmente están en la 31, Fatima, Villa Soldati, la Zavaleta, la 21-24 Barracas, la Rodrigo Bueno, en Costanera Sur; en la ranchadas “No Calles”. En el interior en: Diagonal Norte, en Tucumán, Bajo Yapeyú en Córdoba y en el Barrio Amaya, en la provincia de Chubut.

Antes de comenzar es importante aclarar algunas cuestiones que nos permitirán entender porqué son lo que son y hacia dónde intentar ir. Empecemos por el nombre entonces: La Poderosa. Lo primero que surge es lo semántico porque son poderosos contra toda la connotación negativa del término, son populares y fuertes pero el nombre que eligieron para bautizar no responde sólo a eso sino a una herramienta que uso uno de los líderes más importantes de nuestra historia: Ernesto Che Guevara. El Comandante mucho antes se serlo se subió a una moto junto a Alberto Granado para recorrer Latinoamérica, esa moto tenía un nombre: La Poderosa. Cuando se les pregunta sobre los orígenes de este Colectivo a ellos les gusta responder filosóficamente: “Mucho antes que nosotros. Nace en 1952 con el Che Guevara y Alberto Granados” y enseguida ponen primera y arrancan: “Como fuerza social nacimos en octubre de 2004.  Hicimos una reunión entre algunos compañeros y vecinos y coincidimos en que había que hacer algo desde adentro. Empezamos a hacer actividades en Zavaleta, en un comedor de la calle Iriarte. Ahí empezamos a construir esto”. Al principio tenían un espacio de apoyo escolar, un taller de guitarra que lo ofrecía un compañero de afuera del barrio y hoy ese mismo taller lo da uno de los chicos que fue, en aquel momento, alumno. En esos momentos comenzaban a surgir las bases, el motor que la sostiene y en ese corazón están el voluntariado, el anonimato y la permanente defensa del modelo político cubano con sus 53 años de Revolución. Es a partir de esa claridad que empiezan a crecer.

“Nosotros hoy somos una miga de lo que queremos ser. En abril nos vamos a Asunción (Paraguay) con un compañero que es referente de la comunidad guaraní para que empiece a haber un foco allá. Somos una organización latinoamericanista”. Ahora bien ¿cómo se sostiene una organización que nuclea a distintas villas con realidades, aunque parecidas, diferentes? Es simple y coherente con el sentido revolucionario que se siente en cada pasillo de esos barrios porque las decisiones son autónomas, de cada asamblea (en cada barrio donde está La Poderosa hay una)  y lo que comparten son esas bases que mencionaba anteriormente y que en definitiva les permiten estar unidos en situaciones concretas y en proyectos que les son comunes a todos. “Es un proceso de acercamiento de los barrios. Todos nuestros referentes son vecinos de cada uno de esos barrios y después si, hay un montón de compañeros que quizás tienen otra realidad económica, que no viven en las villas pero que se sumaron al Colectivo”, sostiene uno de los referentes de la Organización. El tema del anonimato es digno de destacar, sobre todo en estos tiempos en los que el individualismo y el personalismo parece ser bandera de todos. Es la forma que encontraron para proteger lo que construyen hacia adentro de las villas y hacia fuera. Si vos te queres subir a esa moto no va a ser para que tu nombre aparezca nunca en ningún lugar. Los laureles que te vas a llevar tendrán que ver con una coherencia ideológica, con la respuesta de un pibe o de una familia ante tu compromiso, todo eso y nada más. La única excepción a esto es el brazo literario que tienen que es La Garganta (ver nota). Allí los redactores, editores y fotógrafos  si tienen nombre. Cada cual firma sus notas pero no es una contradicción, lejos de eso. Es la forma más concreta de hacerse cargo que lo que hacen es un medio de comunicación y lo respetan así. Vos cuando lees sabes quien escribe y en la editorial también. La firma editorial es La Poderosa, que son todos.

Esta gente de todas las edades, de diferente nacionalidad y con diferentes credos religiosos lo que busca básicamente es una transformación social y allí son verdaderos protagonistas. No integra La Poderosa ningún partido político u ONG o empresa, si en cambio personas, anónimos con compromiso social.

Durante esta construcción que lleva tan sólo 8 años ya nacieron varios hijos, este río que busca un océano va teniendo varios afluentes que surgen de las propias necesidades de cada lugar. Algunas de las problemáticas comunes a las que se enfrentan en forma permanente son la estigmatización de los barrios, el derecho a la vivienda, a las redes cloacales, etc . pero después también hay problemáticas especificas. En la 31 o en Zavaleta por ejemplo tienen la situación del SAME que básicamente no entran en la Villa. No hay que pensar mucho para darse cuenta el costo que tiene esto pero te ayudo: si las ambulancias no entran la gente se muere. Y se mueren. Con el temita de las ambulancias vienen lidiando hace rato. “Es un genocidio encubierto”, dicen pero no se quedan en el decir, de hecho en octubre de 2009 presentaron en la mesa de entrada de la Jefatura de Gobierno Porteño un documento con el aval de los curas villeros y todas las organizaciones sociales de la zona exigiendo que capaciten a ambulancieros del barrio, porque uno de los argumentos es que los del SAME “no quieren entrar”, es decir se esconden tras la inseguridad que pueden denotar esas casas. La respuesta de La Poderosa fue esa nota: “Si ellos se esgrimen en la inseguridad como un argumento válido para que nos nieguen el acceder al servicio de ambulancias que capaciten a los vecinos y se evitan el problema ese y de paso le dan laburo a gente que no lo tiene. En Zavaleta ya hay vecinos que hicieron cursos en la Cruz Roja para poder brindar ese servicio. Nosotros venimos peleando por estas cosas”. Qué es la prioridad es definido por cada asamblea.

Frente a tanta organización aparece el asunto de la plata, el dinero, el vil metal ¿Tienen? ¿De donde la sacan? ¿Cómo la administran? Bueno, cada asamblea maneja sus propios fondos. Esos fondos se generan a partir de las actividades que lleva adelante cada barrio y se suman ingresos por la venta de la revista. También hay una red de socios anónimos que es gente que contribuye porque cree en lo que hacen sin ningún interés particular. Y acá es donde se palpa esto que decíamos de los afluentes. La Poderosa tiene una cooperativa de alimentos que es de la que almuerzan todos los domingos. “Hay algunas madres que hacen empanadas y comidas que se distribuyen en el barrio, es decir hacia adentro”. También tienen una cooperativa de barrido y limpieza que es un servicio que no hay adentro de los barrios y no requiere de inversión. El  principal desafío al que se enfrenta una cooperativa villera es resolver los problemas del barrio.

Otro integrante del Colectivo explica sencillamente este proceso: “Cuando los barrios generan sus propios recursos con cooperativas hacia adentro en realidad lo que hacen es licuar el dinero liquido que está dando vueltas en el barrio pero al barrio no le entran ingresos de afuera. Más allá de lo que reclamamos que debería hacerse cargo el Estado, de las que nos podemos hacer cargo los vecinos tratamos de hacerlo y que el barrio se enriquezca. Nosotros cuando recaudamos con la revista entra plata que no estaba en el barrio y ese es el cerco que hay que romper”.

Uno de los logros que obtuvieron tiene que ver con el deporte: la Liga de Fútbol Popular, que es según ellos uno de los emprendimientos más importante que tienen porque “es la puerta de entrada a todos”. Allí participa todo el mundo y se reflejan muchos de los valores que trabajan todos los días. “Es la educación popular llevada a la práctica deportiva. Tiende a reivindicar el bagaje de saberes que cada uno trae y ponerlo en una misma jerarquía, más allá de que provenga de una estructura académica o de una estructura territorial”. Poniendo esto en ejemplos concretos allí juegan hombres y mujeres todos juntos porque es algo inclusivo. Otra de las características es que no hay árbitro, en su lugar momentos previos al partido se juntan los equipos y se ponen las reglas con las que se va a disputar ese partido. Si en el terreno hay piedras, posiblemente se establezca la regla de que no vale barrer, porque se pueden lastimar. Estas cosas se reflexionan y se ponen ahí. “En cada jornada de fútbol popular se encuentran un montón de barrios y entre partido y partido -cada equipo juega 3 o 4  partidos en una jornada – compartís con otros equipos talleres por ejemplo de teatro para abordar la discriminación o de murga para poner el cuerpo en otra actividad no competitiva,  o de comunicación para hablar de la importancia que importancia de tener nuestros propios medios o de artesanías, conociendo la cultura de los tobas que están participando del certamen… Es una gran excusa, es la posibilidad de poner la pelota con todo lo que genera acá adentro al servicio de una construcción de bases que es la que alentamos desde la Poderosa”. La inclusión de las mujeres fue también parte de un proceso porque al principio se estableció que el gol de la mujer debía valer el doble, porque efectivamente tenían menos experiencia. Ese doble tanto generaba que le pasen la pelota y así se  permitió que las chicas aprendan a jugar y hoy sus goles valen lo mismo que el de los hombres. Los colores de las camisetas son decisión de los que integran cada equipo y tienen que ver con la identidad de ese grupo. “Aca no hay publicidad comercial y lo que representa la camiseta es lo que vos sos y los colores responden a eso. En Zavaleta los colores son blanco y negro porque el  Core en una asamblea planteó que eramos todos blancos y negros. La de la Comunidad Toba es marron y verde por la tierra y el pasto… y así”.

Otro gran logro es la Plaza Kevin, ubicada en Zavaleta. Hasta el 2009 (¿Cuántas cosas pasaron ese año, no?) era un descampado que alguna vez supo ser una cancha de fútbol después de vóley (por la comunidad guaraní) pero también era un espacio muy peligroso por las noches, liberado por la policía y también por todos. Los vecinos cuentan que las balaceras eran algo cotidiano hasta que el dolor los envolvió a todos: “Un día uno de los pibes que llegaba escapándose de algo y que consumía pasta base estaba parando en la esquina con un fierro y se le escapó un tiro y le dio en la cabeza a su hermano de 4 años. Fue terrible para la familia, para los vecinos y en un punto nos llamó a todos a pararnos en un lugar más crítico de donde estábamos y se armó una asamblea muy grande en la que participaron todos los vecinos de acá (Zavaleta)”. Así fue que empezaron a trabajar  sin parar para hacer una plaza. Un lugar donde los chicos fueran a jugar y que los forzara a niños y adultos a  recordar lo que había pasado con Kevin. Sirvió también para empezar a tomar conciencia de lo que significa tener armas, portarlas. Ningún Poderoso tiene armas”. La movilización interna (digo de adentro, desde el corazón de cada uno) fue tal que en tres meses hicieron toda la plaza. Lo lograron vendiendo rifas, haciendo polladas y con la colaboración permanente de los vecinos. La plaza Kevin está llena de murales con consignas que hablan de crecimiento, de unidad, de hermandad. Ellos lograron transformar un espacio de muerte es un espacio recreativo.Esta es un poco la historia de cientos de personas que un día se propusieron hacer algo trascendente. Hombres, mujeres y niños que decidieron hacer frente a la realidad que los toca, que los vincula y que les da identidad. Son villeros, si. Viven en casas con techos de chapa, sufren inmensamente cuando llueve porque las cloacas se rebalsan, la luz se corta y todos quedan expuestos. Ven cómo sus vecinos se mueren porque la ambulancia llegó 3 horas tarde o directamente no fue pero no están quietos viendo cómo todo se pone peor. Están organizados, generan ideas que se las acercan al Estado para que “haga algo” y mientras, lo van haciendo ellos. Se capacitan, se forman, discuten, se desarrollan y sin querer, o queriendo quizás, nos educan a los de afuera. Nos muestran nuestras miserias porque mientras nosotros pensamos qué aire acondicionado nos compramos o cómo cambiamos los muebles aunque estén en uso o pedimos un delivery porque no tenemos ganas de cocinar ellos nos muestran una mesa con lugar para el que se quiera sumar, aunque haya poco que servir. Se conocen, se cuidan, se protegen y otra vez, nos educan. No reniegan de su historia pero tampoco se conforman ¡eso es un mito! Quieren vivir mejor, merecen vivir mejor pero vivir mejor no es alquilarse un departamento en Almagro y salir de la Villa. Vivir mejor es tener una mejor calidad de vida en donde viven. Qué las Villas se urbanicen, que los cables de luz no sean improvisaciones para acceder a ella, que las redes cloacales sean tales, que puedan construir su futuro y el de sus hijos con las necesidades básicas satisfechas. Mientras tanto ellos trabajan para mejorar esta historia que intenta esconderlos. Ellos son los protagonistas de un cambio social que efectivamente se viene gestando y eso es Revolución.-
Texto: Jimena Riveros // Fotos: Celeste Riveros y archivo de La Poderosa
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